Pocos títulos, pero cuidados

¿Necesita el mundo otro blog de cine? Pues seguramente no. Pero aquí está de todas formas. Bienvenidos a los que quieran quedarse. Lo principal que se debe saber es que este blog incluirá pocos títulos, pero tratados con espacio y cuidado (hasta donde llegan las luces de quien escribe), y que cada entrada consta de (1) presentación (sin spoilers) de cada título, para quien quiera pensarse si verlo o no, o recordar cuál era, (2) carátula, y (3) comentario/discusión de cierta extensión (con spoilers y sin avisar), para leer después de verlo.

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sábado, 21 de marzo de 2009

Vértigo (1958)

Un ex policía es contratado por un marido para vigilar a una esposa que a veces olvida dónde está y se porta de forma extraña, como si estuviera poseída. Sin embargo, la trama es lo de menos en esta película que no acabó de funcionar en su momento, pero que ahora se tiene entre las mejores de Alfred Hitchcock, ya que es de las que mejor demuestra sus propias manías y obsesiones. El hombre torturado, la rubia de hielo, el suspense en escenarios conocidos y otros motivos típicos están todos presentes en esta delicia para psicoanalistas.

El cine es apenas un bebé, comparado con otras manifestaciones artísticas, así que el fenómeno por el cual la obra de sus principales representantes se reevalúa tras su muerte y acaba perdurando o pereciendo en el olvido está también en su infancia. Y uno de los casos más claros hasta ahora es el de esta película, que no funcionó nada bien en el momento de su estreno, pero que ahora se tiene no ya solo como de las mejores de su director, Alfred Hitchcock, sino de la historia del Séptimo Arte.

En 1958 Hitchcock ya era más grande que sus películas, y su apellido vendía entradas por sí solo, a menudo apareciendo en letras más grandes que el título. Tal tipo de fama traía como consecuencia unas expectativas muy determinadas: lo que el público quería era una nueva ración de intriga, misterio y tensión hasta la resolución final. Y en lugar de eso se encontraron con el bueno de James Stewart, el yerno/primo/tío/cuñado que toda familia americana querría tener, convertido en un obseso fetichista, acosador, caprichoso, enfermo y abusón. Además, el misterio que resolver/adivinar era bastante simple, casi decepcionantemente fácil, y el resto del metraje parecía poco más que relleno, con todas esas escenas de Jimmy Stewart conduciendo de acá para allá por San Francisco y alrededores vigilando a su objetivo, convertido luego en obsesión. Y para rematar, están esas extrañas escenas de sueños y visiones con animación incluida, llenas de colorines, donde el gran Hitch parecía haberse pasado de la raya en cuanto a experimentación.

¿Qué ha pasado entonces para que la consideración actual de este film haya cambiado tanto? Pues, como Martin Scorsese dice, la clave está en que es una película excepcionalmente personal a pesar de estar hecha en el marco de una gran productora. Si se ha convertido en objeto de estudio y atención específica es porque el tema que trata es, simplemente, el propio Hitchcock. Importa poco que haya policías retirados, misterios que resolver, o planes para un asesinato perfecto: el verdadero alma de la película es la mente que la creó. Entendiéndola se entiende gran parte del cine de Hitchcock, y por eso se recomienda tan a menudo.

'Vértigo' es una película sobre la obsesión, y Hitchcock era famoso por sus obsesiones. Se suele decir que ser director de cine es uno de los pocos oficios dictatoriales que quedan en el mundo, pero Hitchcock tenía una manía controladora superior a la media. A pesar de que muchas de las batallitas sobre el odio que se tenía con muchos de sus actores y actrices son exageradas, sí que dijo alguna vez que los actores deberían ser tratados como ganado. Para él, la película era perfecta cuando él acababa de revisar el guión y la tenía imaginada en su mente, de una forma tan definida que durante el rodaje no se acercaba apenas a las cámaras. El llevarla a la pantalla suponía para él una pérdida de al menos el 40% de esa visión original. Así pues, esta forma de ver su profesión debía ser a menudo una fuente de grandes frustraciones, al verse rodeado de actores de los que debía de sacar como pudiera las imágenes perfectas que llevaba en su cabeza. Y si algún personaje se acerca a ese tipo de mente obsesiva, ése es sin duda John "Scotty" Ferguson (James Stewart), el ex agente de policía que dedica la segunda parte de la película a convertir a una mujer en otra, obligándola a vestirse y peinarse como la que le impresionó en la primera parte. Este tema obsesivo aparece reforzado por el hecho de que ambas mujeres en realidad son la misma (Kim Novak), y porque, además, Scotty sólo resuelve el crimen cuando acaba de terminar esa transformación, y Judy, ya teñida de rubia y vestida como Madeleine, se pone el colgante que aparece en el cuadro de Carlota Valdés. Y para acabar de complicarlo, es toda esta historia de obsesión perseguida hasta el límite lo que acaba curando a Scotty de su problema original, el vértigo que empezó a sufrir de forma aguda tras la primera secuencia de la película, una persecución de un sospechoso por los tejados de la ciudad durante la cual muere un compañero policía al intentar rescatarlo cuando Scotty queda suspendido en el vacío agarrado a un canalón. La última imagen del film, recordemos, es Scotty mirando hacia abajo tras haber caído Judy desde el campanario de la misión de San Juan Bautista, cosa que puede hacer solo ahora que un trauma le ha curado otro.

Quizá esto deba analizarlo quien entienda de psicología, pero lo interesante de esta película, pues, no es que explique la mente de Hitchcock (¿puede una película, libro, escultura o cuadro "explicar" la mente completa de su autor?), sino que ofrezca un rayo de luz sobre parte de ella, como un haz de linterna que sólo llega hasta cierta distancia. En 'Vértigo', Hitchcock coge varios elementos, muchos de ellos típicos suyos, y con ellos compone la historia de una forma que a nadie más le habría salido así. Aparte del protagonista masculino con debilidades, enfermedades, impedimentos y traumas que abunda en sus películas, tenemos también por ejemplo el gusto por convertir lugares reconocibles en fuentes de peligro y suspense. Lo hizo con las cabezas de presidentes del monte Rushmore y ahora con el puente y las cuestas de San Francisco o con una típica misión española de las que hay por todo el sur de Estados Unidos. Luego está, por supuesto, el fetiche de la "ice cool blonde", la rubia de hielo, cuidadosamente vestida y peinada, a menudo poco más que una muñeca poco expresiva que luego va revelando una mezcla de peligro y seducción (lo primero provocado por lo segundo, a menudo). Kim Novak es en esta película la expresión más perfeccionada de este motivo. Es más, el asunto del vestido, el peinado y la imagen concreta de una mujer concreta se convierte en tema central, no periférico, del guión. Si lo que la gente venía a ver era la típica película con la vuelta de tuerca inesperada en el guión, Hitchcock se las arregla para que esa vuelta de tuerca sea precisamente ese fetiche del aspecto de la rubia de hielo: el plan de Gavin Elster (Tom Helmore) es asesinar a su mujer haciendo pasar a Judy por ella ante Scotty (de hecho, disfrazándola de rubia él antes de que Scotty se obsesione en hacer lo mismo), de forma que haya un testigo creíble de que Madeleine se suicidó. El plan me parece un poco arriesgado, porque Scotty podría haber visto el cadáver real de Madeleine y haberse dado cuenta de que no era la mujer que él tenía por la esposa de Gavin, pero estas son las cosas que tienen a veces las películas de suspense.

La otra cosa que me chirría bastante es lo del enamoramiento entre Judy y Scotty. Porque no es que se enamore uno, sino que se enamoran los dos, a pesar de lo cual la historia acaba como acaba. No es que me parezca difícil que una mujer se enamore de un poli retirado con la pinta de Jimmy Stewart, sino que lo veo un tanto forzado en este film, aunque obviamente sin ese sentimiento la historia no funcionaría. Judy acepta pasar por el trago de convertirse en Madeleine no una sino dos veces, la primera por dinero, lo cual es un motivo bastante inteligible, y la segunda por amor, pero por un amor de un tono tan torturado que uno debe pensar en qué está pensando la chica. A pesar de que parece resistirse a cada paso, siempre acaba cediendo a cada humillación que Scotty le pide, sabiendo incluso (imaginamos) que hacerlo puede acabar con Scotty adivinando el plan del asesinato de Madeleine. Invito puntos de vista femeninos aquí: ¿un comportamiento así es creíble en una mujer, o es este un lugar donde se nota que la historia original la escribieron dos hombres, el guión otros dos o tres, y la dirigió otro más, de conducta demostradamente peculiar para con el "sexo débil"? Muchas mujeres aceptan humillaciones sin cuento de sus hombres, incluyendo a veces el vestirse como ellos desean, pero ¿hasta el punto de ser obligada a vestirse como otra mujer a la que ese hombre realmente ama? Claro que en este caso, y para complicar las cosas, "la otra" era la misma, aunque rubia en vez de morena.

Y siguiendo con el aporte femenino, me pregunto si esta es una película que parecerá más desasosegante a las mujeres que a los hombres. Desde el punto de vista masculino, el protagonista es un héroe que ha de enfrentarse a varapalo tras varapalo: ve morir a un compañero, sufre un trastorno incapacitante para su trabajo y que disminuye su calidad de vida, se enamora de la mujer a la que ha de vigilar, ésta se suicida delante de él, con el agravante de que él no puede evitarlo por culpa de sus propias limitaciones psicológicas, luego se obsesiona con otra mujer que se parece a la primera y a quien obliga a parecerse aún más, para luego enterarse de que es la misma que antes, pero que colaboró en un asesinato, y que esta vez acaba muriendo de verdad. Por cierto, que no estoy muy seguro de qué pasa con la muerte de Judy. ¿Se cae tras el susto de ver a la monja, o se suicida por remordimientos o por temor a ser encarcelada? No es lo mismo una cosa que otra, desde luego. Por otra parte, Scotty reacciona de una forma bastante seca y difícil de leer. Aparte de que logra vencer su vértigo, no se sabe qué efecto le produce la muerte de Judy y retrospectivamente el asunto entero de su extraña relación con ella.

Decía, entonces, que desde el punto de vista masculino, la historia trata de un detective que ha de deshacer un caso lleno de vueltas y revueltas. Pero desde el punto de vista femenino, la historia trata de una mujer a la que dos hombres maniatan uno tras otro. Si en el primer caso es un simple caso de aceptar dinero por colaborar en un crimen (lo cual ya anuncia no poca maldad por parte de Judy), en el segundo se trata de un hombre que persigue y vigila a la mujer por toda la ciudad y que se obsesiona por ella. Y esto de tener un acosador encaprichado es seguramente uno de los miedos principales que puede tener una mujer, más incluso que un ataque aislado, ya que eso es pura casualidad, mientras que en un acoso tienes que ser tú y solo tú quien sea el objetivo. Y después de eso, la cosa empeora con la historia de que a la mujer se la hace vestirse y peinarse de una forma determinada, y no por un lucir el trofeo, sino por alguna recóndita obsesión del hombre. ¿Dar con un hombre así no sería una pesadilla para una mujer? A mí en concreto lo que más repelús me dio fue la dueña de la tienda de modas, que al presentar los diversos trajes para Judy ignora a ésta repetidamente, a pesar de que está claramente incómoda con las exigencias de Scotty, y se dirige exclusivamente a él, el hombre de la pareja, alabando que sepa exactamente lo que quiere. Puede que esa vieja arpía esté un poco exagerada, pero si no y es simplemente un fiel reflejo de que las cosas eran así en los 50, eso da más miedo todavía, porque entonces no es sólo los propios sentimientos de Scotty y Judy los que encorsetan y atrapan a la chica, sino la sociedad entera del momento. Si hoy en día nadie simpatizaría con una mujer que se dejase hacer algo así, por lerda, tras ver a la tipa ésta dando carta blanca a Scotty, es difícil que no entren escalofríos a las mujeres del público. Espero respuestas al respecto.

Mientras, siguiendo con cosas que pasaban en los 50, volvemos a encontrarnos con censuras y presiones de las autoridades. En este caso consiste en añadir una escena en la que Midge (Barbara Bel Geddes), la otra chica de la historia, escucha en la radio que Gavin está a punto de ser cazado por la policía en el sur de Francia. No se podía dejar un crimen sin castigo. Angelicos.

Y para acabar, normalmente me refiero bastante más al guión que a cualquier otro aspecto de una película, pero en este caso no dejaré de reseñar los títulos de Saul Bass y la música de Bernard Herrmann, que apoyan desde sus respectivos papeles la idea central, usando espirales visuales y sonoras para reforzar esa vuelta a un momento concreto que es la definición misma de la obsesión: quedarse atascado en un instante concreto sin poder salir de él.