Pocos títulos, pero cuidados

¿Necesita el mundo otro blog de cine? Pues seguramente no. Pero aquí está de todas formas. Bienvenidos a los que quieran quedarse. Lo principal que se debe saber es que este blog incluirá pocos títulos, pero tratados con espacio y cuidado (hasta donde llegan las luces de quien escribe), y que cada entrada consta de (1) presentación (sin spoilers) de cada título, para quien quiera pensarse si verlo o no, o recordar cuál era, (2) carátula, y (3) comentario/discusión de cierta extensión (con spoilers y sin avisar), para leer después de verlo.

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jueves, 1 de abril de 2010

En tierra hostil

'En tierra hostil' es una película con una trayectoria aún más fascinante que la historia que cuenta. Desde su comienzo como proyecto dificilísimo de rodar y casi imposible de comercializar, hasta su triunfo en los Oscars de dos años más tarde (tardó tanto en estrenarse que quedó incluida en los premios correspondientes a 2009 en vez de a 2008), el film ha pasado por momentos tan tensos (salvando las distancias) como los propios artificieros que la protagonizan.

También ha pasado de proyecto independiente que se temía que no vería nadie a ser llamada por el New York Times "la mejor película hecha hasta ahora sobre la guerra de Irak". Y esto es muy revelador, porque si de verdad es lo mejor que se ha hecho sobre la guerra de Irak, es que todavía hay espacio para mejorar mucho. Porque no creo que se pueda llamar "la mejor" a una película que no habla casi en absoluto sobre la guerra de Irak.

Ganadora de seis Oscars: Mejor película (Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier y Greg Shapiro), dirección (Kathryn Bigelow), guión original (Mark Boal), montaje (Bob Murawski y Chriss Innis), sonido (Paul NJ Ottosson y Ray Beckett), montaje de sonido (Paul NJ Ottosson). Tres otras nominaciones: actor principal (Jeremy Renner), fotografía (Barry Ackroyd) y música (Marco Beltrami y Buck Sanders)


Durante todo el metraje, seguimos las misiones de un equipo de desactivación de explosivos, pero en ningún momento se reflexiona sobre la guerra, ni sobre lo que de verdad han ido a hacer allí los soldados norteamericanos. La Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, era la guerra que había que hacer, porque el enemigo era claro y definido, presente sobre el campo de batalla, y claramente maligno en sus actitudes imperialistas e ideas sobre la raza y el exterminio de otros pueblos. Visto desde el punto de vista norteamericano, la idea de que merecía la pena cruzar el charco para dejarse cientos de miles de vidas con tal de frenar al nazismo tenía sentido. Su heroísmo era comprensible y digno de celebración, y así lo ha hecho el cine de muchas naciones, y lo seguirá haciendo. La Primera Guerra Mundial, como otro ejemplo, fue la guerra de la masacre sin sentido, con sus trincheras y sus ataques de frente, donde miles de hombres morían en unos minutos sin siquiera ganar unos metros de terreno. Y ese espíritu está en, por ejemplo, 'Senderos de gloria', que sí es una película que lleva una guerra entera dentro.

Pero con la guerra de Irak no pasa lo mismo. El derecho de los americanos a meterse allí está mucho menos claro que en la Europa del 41. Los motivos de lucha contra el terrorismo y el extremismo islámico están demasiado mezclados con los intereses económicos y energéticos, y el hecho de que los iraquíes no estén jugando la guerra "a la alemana", con tropas y tanques sobre un campo de batalla bien delimitado donde se decide el partido en unas horas, está provocando una situación de ocupación cuyos objetivos no están demasiado claros. Por si fuera poco, los ciudadanos estadounidenses se encuentran muy divididos al respecto, y mientras que se muestran unidos en el respeto y el agradecimiento a los soldados que hacen lo que se les dice mientras arriesgan sus vidas, la verdad es que incluso los que están a favor de intervenir preferirían que sus hijos, padres, esposos y hermanos salieran de allí cuanto antes.

Este clima, pues, es esencial para contar bien esta guerra, y nada de esto aparece en esta película. Por eso a mí me parece una buena película (muy buena en muchos aspectos), pero ese título de "mejor film sobre la guerra de Irak" me parece inmerecido, y, como digo, revelador. Porque es revelador que precisamente la película que no toca los temas incómodos del conflicto (empezando por qué demonios están haciendo allí esos soldados) se esté llevando estos calificativos. Si en vez de haber bombas enterradas o en los maleteros de los coches, hubiera droga, o armas para el contrabando, la historia sería muy parecida. Porque de lo que trata de verdad esta película es de la adicción al riesgo, ni más ni menos. Por eso no hay ningún tipo de reflexión sobre nada que no sean las misiones. Cuando el sargento William James (Jeremy Renner) vuelve a casa al final de su TOD ("tour of duty"), no ve el momento de volverse al frente, a pesar de que tiene mujer e hijo. Lo pasa peor escogiendo un paquete de cereales entre la lustrosa oferta del supermercado que desactivando bombas. ¿Qué pasa si escoges el paquete que no era? Nada. Vas otro día y escoges otro. ¿Cómo se puede comparar ese tipo de vida, que parece inútil, fácil, y consumista, donde todo está al alcance de la mano y sin problemas, con una existencia que puede acabar en cualquier momento? ¿Y por qué vuelve? Tampoco se explica, pero seguro que no es por la democracia, ni por la justicia, ni siquiera por la seguridad de su familia. La única explicación está en la cita inicial: "The rush of battle is a potent and often lethal addiction, for war is a drug". Es una cita de un corresponsal de guerra del New York Times, Chris Hedges, sacado de un libro de título igualmente explícito: 'War is a force that gives us meaning'. La guerra es una fuerza que nos da sentido. Es una completa inversión de lo que el sentido común diría que debe ser un ejército moderno. La guerra no es un objetivo. Se hace para alcanzar un objetivo, sea la conquista, la liberación, la defensa, un ideal, una religión... pero no "es" lo que da sentido a la vida. Al revés, la guerra se hace para darle sentido a la vida una vez que esa guerra se acaba, o si no, será el estado natural del hombre, como ha sido durante tanto tiempo, y sigue siendo en algunos lugares. Y sin embargo, hay gente que la vive así. Como un videojuego que esta vez no puedes apagar cuando quieras. En la miniserie 'Generation Kill', que me parece mucho más digna de títulos que esta película, ese sentimiento se explora más, incluyendo la faceta ignorante y bárbara de quien pasa de toda otra disquisición que no sea la de que le dejen reventar cosas.

De hecho, el propio Jeremy Renner experimentó un tipo parecido de alienación durante el rodaje. Durante los tres meses que estuvieron filmando en Jordania, hablaba con su novia por teléfono, y mientras que ella le contaba inanidades sobre ir al súper y pintarse las uñas, él estaba poniéndose trajes de artificiero de 70 (setenta) kilos bajo un calor de 49 grados. Cuarenta y nueve grados fuera del traje, me refiero. Así que le daban ganas de decirle cuatro frescas a la churri. Rompieron poco después. Renner, además, estuvo preparando el papel entrenando con artificieros reales en Texas, y el día que llegó, uno de ellos, que estaba en Irak, murió en una explosión, así que la cosa estaba tensa. Durante el rodaje, bajando por una escalera con el crío en brazos que interpreta a Beckham, tropezó, se lesionó un tobillo y se hizo una herida en la cara. El rodaje tuvo que parar una semana. En otra ocasión, Renner pilló un virus estomacal y de la diarrea perdió siete kilos. Estaba metido dentro del traje de artificiero y el pobre hombre se iba por la pata abajo. Luego, como los explosivos militares estaban restringidos, el equipo de efectos tenía que usar explosivos chinos que había que romper por la mitad y machacar la pólvora que llevaban dentro un poco más. Mientras uno de los técnicos lo estaba haciendo, justo al lado de Renner, hacía tanto calor que la pólvora le estalló y le quemó la cara al técnico. "Le frió la nariz". Todo esto para hacer una película. Como dije antes, es fascinante de por sí.

Cinematográficamente, esta película es una maravilla. Cada una de las misiones lleva encima una tensión muy bien contada, y haber identificado los explosivos caseros como el icono más reconocible de esta fase de la guerra de Irak, a partir de 2004, es todo un hallazgo. Con toda la tecnología de que goza el ejército más moderno de la historia, todavía siguen cayendo soldados a decenas por culpa de explosivos baratos hechos con un cable, un chicle y cualquier cosa que estalle. Eso es demoledor para la moral: tantas armas de diseño y no estás a salvo. Cuando el sargento James tira de un cable secundario y salen del suelo hasta siete bombas ocultas que casi estaba pisando, se acojona uno más casi que con un ejército entero disparando. Este es un tipo de lucha donde los vecinos salen a mirar cómo te manejas con la bomba, y el que la fabricó está entre ellos, vigilando que no lo hagas demasiado bien, o te la detona allí mismo. No podrá acabar con un blindado entero, que era lo que buscaba, pero quien haya ido allí a meter las zarpas sabe que hasta ahí habrá llegado, y que después de él vendrá otro. En otra de las escenas, hay un tío con una videocámara, como con actitud de "sí, te estoy grabando con una cámara y no sabes quién soy, ¿qué pasa? Tú a lo tuyo". Casi puede verse cómo el temor de acabar en YouTube entre carcajadas de mirones de todo el mundo se añade al de perder la propia vida.

Una manera de realzar este tipo de peligro es lo que les pasa a los dos actores más conocidos que salen en la película, que menos de diez minutos después de aparecer en pantalla ya están muertos. La guerra no perdona a nadie porque tenga pinta de prota. Como siempre, la eficacia de este recurso depende de cómo de informado llegue uno a ver la película, pero ver una cara conocida te impulsa sin querer, por convención tantas veces repetida en otras películas, a pensar que ese actor durará hasta el final del metraje por lo menos, y al segar su presencia tan rápido, al menos se consigue acercar al espectador a lo que debe de ser que te arranquen de tu lado tan fulminantemente a alguien a quien conoces.

Otra cosa que hay que tener en cuenta es que la película no ha sido nada bien recibida entre muchos veteranos de guerra, sobre todo los del gremio de artificieros. La queja principal es que un tío tan impredecible como James es lo contrario de lo que se busca para ser desactivador de bombas. AO Scott, del 'New York Times', describe certeramente su actitud como la de un músico de jazz o un pintor abstracto, cuando lo que se requiere es procedimiento, método y mecanicidad. James incluso le llega a decir al siempre correcto sargento JT Sanborn (Anthony Mackie) que jamás podría estar preparado para hacer lo que hace él. El guión nos vende que James es el amo en esto, con sus ochocientas y pico bombas desactivadas, pero la voz real de los veteranos es muy cruda con este personaje. En algunos blogs militares llegan a decir que la actitud de James arruina completamente el visionado de la historia a quien sepa algo de la guerra real, y que es asombroso que esta película haya ganado tantos premios con todos los fallos que contiene. Otros, para ser justos, mientras que no dejan de subrayar los errores, acaban con una buena impresión del film en general.

A mí me parece que este es un tema importante, porque lleva al eterno debate entre la realidad y la ficción, y cuánto debe salirse el arte fuera de la realidad. La típica excusa de que esto es cine, es arte, y no un documental, a mí sólo me vale hasta cierto punto. Porque empieza uno inventándose un artificiero que está un poco pallá y se acaba haciendo que Braveheart preñe a la reina de Inglaterra, o que quien descifre los códigos nazis de las máquinas Enigma sean los yanquis y no los ingleses, o que los sicarios de Elizabeth se atrevan a matar al embajador español, cosa que nos llegan a hacer de verdad en el siglo XVI, y les quemamos la isla, vaya. Y mejor no cuento aquí cómo iba a ser el guión de 'Alatriste', que antes de Díaz Yanes se había encargado a unos americanos que querían montar una guerra bacteriológica dirigida por la Inquisición. Eso era el acabose. A mí esto en muchos casos no me parece licencia poética, sino falta de talento. Como con los hechos reales no te sale lo que quieres en el guión, te lo inventas. Y luego dices que no, que es que esto es la fábrica de sueños. Venga ya. Cúrratelo más, chaval. Una cosa es el pastiche descarado de 'Malditos bastardos', por ejemplo, donde la cosa va de lo que va desde el principio, y otra querer vender lo que no es.

A pesar de todo esto, es una gran película. Simplemente, creo que, como en todas las películas, saber algo más de ella las enriquece, aunque lo que averigües sea poco edificante. Y en este caso, el pasar de por qué esta guerra se está haciendo, y el hecho de que los expertos reales no le den el visto bueno me parece algo digno de saberse y archivarse junto a las demás impresiones, nada más. Me gusta más como "sleeper" que iban viendo sólo unos pocos que como triunfadora del año y "la mejor" de no sé qué.

Quizá lo que se quiera expresar es que el guerrero de hoy no es el que se hace preguntas ni se cuestiona nada, sino el que es capaz de desconectar (valga la expresión) de tal manera que entre, mate, salga, no se coma la cabeza y a ser posible quiera volver a entrar. Puede que los haya así, pero en la sociedad de la información (a veces la desinformación) en que estamos, la realidad es la contraria. Y quitar esto no le hace buen servicio a nadie.

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