Pocos títulos, pero cuidados

¿Necesita el mundo otro blog de cine? Pues seguramente no. Pero aquí está de todas formas. Bienvenidos a los que quieran quedarse. Lo principal que se debe saber es que este blog incluirá pocos títulos, pero tratados con espacio y cuidado (hasta donde llegan las luces de quien escribe), y que cada entrada consta de (1) presentación (sin spoilers) de cada título, para quien quiera pensarse si verlo o no, o recordar cuál era, (2) carátula, y (3) comentario/discusión de cierta extensión (con spoilers y sin avisar), para leer después de verlo.

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miércoles, 11 de marzo de 2009

John Adams (2008)

'John Adams' es una miniserie de siete capítulos sobre el político del mismo nombre, que aplica el método y el éxito de la cadena de televisión por cable HBO a la época de la independencia estadounidense: gran calidad de producción, buenos guiones, buenos actores y el tiempo necesario para contar la historia que se quiera con el detalle que se necesite, más allá de la constricción de un par de horas que tiene el cine.


Huelga decir que siendo televisión, no hay en esta serie el despliegue bélico que puede verse en 'El patriota' u otras superproducciones para la pantalla grande. De hecho, no se ve ninguna batalla, ya que Adams no estuvo presente en ninguna en su vida, y las escenas con un mínimo de acción física se cuentan con los dedos de una mano. Es un guión, en cambio, de mucho hablar, mucho discutir y mucho politiquear, ya que si los Estados Unidos se ganaron su independencia por las armas, no menos importancia tienen las ideas y la forma de organizar la sociedad que surgieron en aquel momento. Es, pues, una serie seguramente no para ir pensando en ella por la calle o que te cambie la vida, pero que sí recompensa el seguir el hilo de los razonamientos y el estar atento a los motivos que cada uno da para sus opiniones. El diálogo no está aquí para dar pausa entre batallas; es más, el diálogo es a veces la verdadera batalla. Es un momento histórico que cambió el rumbo del mundo y es de gran importancia saber cómo y por qué pasaron las cosas.

La serie empieza con Adams en su papel original de abogado defensor y acaba más de medio siglo más tarde, el día en que los Estados Unidos cumplen 50 años de existencia. Quien no sepa exactamente quién era Adams o qué papel jugó en estos años, le recomiendo que vea la serie sin informarse, para apreciarla mejor, y luego lea algo sobre el personaje real. En varias reseñas estadounidenses que he leído se critica bastante la elección del actor principal, Paul Giamatti, diciendo que tiene demasiada pinta de buena persona en el fondo como para interpretar a un tipo que, sabedor de su gran intelecto, era bastante soberbio, discutidor empedernido y que se hacía enemigos innecesariamente, dada su brusquedad, pese a tener razón la mayor parte de las veces. Tentaba mucho la paciencia de la gente y fue muy admirado, pero poco amado, sobre todo en las distancias cortas, y fue bastante cascarrabias de anciano. Giamatti, uno de esos secundarios de toda la vida que ha tenido tras muchos años la suerte de poder ser reconocido por sí mismo y de acceder a buenos y hasta premiados papeles a pesar de no tener el físico de una estrella de Hollywood, tiene una pinta en general bonachona, con papadita y ojos de persona con cierto complejo que le ha venido muy bien para ciertos papeles, aunque quizá en este caso sí que le hacía falta un poco más de dureza. Sin embargo, yo creo que hacerlo más duro o antipático habría acabado por hartar al espectador y ponerlo en contra del personaje. Aparte, la elección de Giamatti imita un tanto la situación del propio Adams al respecto del resto de figuras de relumbrón de aquellos años. Pregúntese por personajes de la independencia estadounidense y fácilmente se citarán los nombres de George Washington, Benjamin Franklin o Thomas Jefferson, aunque no se sepa muy bien qué hizo cada uno. Pero el pobre John Adams, quizá por tener un nombre tan corriente en inglés, queda un tanto aparcado en la memoria. De la misma forma, cuando se pregunta por los mejores actores del momento el nombre de Giamatti nunca aparece, a no ser que alguien diga "¿y éste qué?". "Ah, pues sí, mira, buen actor". Por esta razón, creo que está bien pensado el haberlo elegido a él, dado el tono tono un tanto reivindicativo de un hombre medio olvidado que tiene la serie. Franklin sale de viejo verde entregado a las diversiones parisinas (interpretado por un excepcional Tom Wilkinson), Jefferson de pensador brillante pero un tanto ensimismado, y Washington de impecable maniquí para uniformes y poco más. Entre el resto del reparto destaca sin duda Laura Linney como la esposa de Adams, Abigail, una pionera de acero, con opiniones muy firmes y poca gana de callarlas, que a la vez que acepta su papel de abnegada ama de casa con rectitud puritana, doblando el espinazo y cultivando la tierra cuando el marido está fuera durante años, no deja de ejercer su influencia sobre los que la rodean diciendo lo que piensa cuando tiene ocasión, con pocas palabras (a veces sólo una) pero claras.

La ambientación es perfecta, incluyendo arrugas, verrugas, dientes estropeados, pelucas mal peinadas y ropa diez mil veces puesta. Sin embargo, un pero que poner es que con tanto tiempo por delante (alguno de los episodios dura más de una hora), hay escenas que podrían haberse montado un poco más cortas. Pero si se sabe a lo que se viene se puede disfrutar mucho. Le dieron 23 nominaciones a los premios Emmy (es que hay muchas categorías, y el ser de época ayuda con las nominaciones técnicas), y se llevó 13, un récord. Dicho lo cual, me parece especialmente interesante el episodio 6, que trata de una posible guerra que hubiera enfrentado a Estados Unidos contra Francia, las dos jóvenes repúblicas que acababan de liberarse del yugo de la tiránica monarquía en aras de los derechos humanos y la liberté, la egalité y la fraternité y todo eso. Adams jugó un papel importantísimo en este asunto (véase el episodio) y puede que sus actos se pongan de ejemplo y reivindicación ahora que Iraq y Afganistán dictan la política exterior estadounidense. Dicen que la literatura y el cine reflejan no tanto el momento histórico que narran cuanto el momento en el que producen sus obras, y éste puede ser un buen ejemplo.

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