Pocos títulos, pero cuidados

¿Necesita el mundo otro blog de cine? Pues seguramente no. Pero aquí está de todas formas. Bienvenidos a los que quieran quedarse. Lo principal que se debe saber es que este blog incluirá pocos títulos, pero tratados con espacio y cuidado (hasta donde llegan las luces de quien escribe), y que cada entrada consta de (1) presentación (sin spoilers) de cada título, para quien quiera pensarse si verlo o no, o recordar cuál era, (2) carátula, y (3) comentario/discusión de cierta extensión (con spoilers y sin avisar), para leer después de verlo.

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viernes, 19 de diciembre de 2008

Batman: El caballero oscuro (2008)

Segunda en la serie 'Batman reempezado' que ha reinventado la imagen del hombre murciélago para el siglo XXI a través de la dirección de Christopher Nolan y la interpretación de Christian Bale, aún es pronto para calcular el efecto que tendrá, pero la recepción entre crítica y público ha sido muy buena, en particular la actuación de Heath Ledger, que ya estaba siendo loada antes incluso de su muerte. El mundillo de las adaptaciones de cómics al cine necesitaba algo así.

Como parece que si no hablas de la nueva de Batman te despiden, pues allá voy. Me pongo la pinza en la nariz.

El hecho de que se diga por todas partes que esta es la mejor película de superhéroes de la historia me sugiere varias cosas. La primera, las ganas que tienen muchos de reivindicar un subgénero que siempre ha estado muy maniatado por sus propias convenciones y que se ningunea entre la crítica como de entretenimiento sin demasiado valor. Lo de que 'El caballero oscuro' es la mejor película de superhéroes se venía diciendo desde el rodaje ya, lo cual demuestra aún más esas ganas que otra cosa. Lo segundo que me sugiere es que es muy curioso que se dé el título de mejor peli de superhéroes a un film que en realidad no es de superhéroes, o mejor dicho, donde la parte del superhéroe es lo peor que tiene, como ya veremos, y que a veces llega a estorbar incluso en las partes más interesantes. Y la tercera, que por lo tanto, la valía general del género de superhéroes sigue estando en entredicho, a mi juicio.

Yo no veo que esta película sea la mejor de superhéroes, por encima del Superman del 78, por ejemplo, o ‘Los Increíbles’, que parecerá mentira, pero es bien buena, o incluso de los Batman (o Batmen, jeje) de Tim Burton y hasta el de 1966, aquel de las mallas y el kapow, paff y whoosh. Lo que sí me parece es que pueda ser la mejor película de superhéroes... para nuestra generación.

La valía del género puede estar en entredicho, pero lo que sí muestran las películas de superhéroes es evolución. A los superhéroes de los 60 se les pedía kapows y paffs, colorines en el uniforme y que detuvieran pillastres y malandrines con bombas redondas donde ponía TNT. A los de los 70, que fueran guapos y apuestos cual atleta olímpico, que te llevaran de paseo a volar, que te bajaran el gatito del árbol, y que fueran amigos públicos de todos, que salieran en el periódico y sonrieran en las fotos. El primo de Zumosol, vaya, que lo mismo hacía de grúa para un autobús que ponía un ciclón boca arriba. El arreglalotodo sin esfuerzo propio. A finales de los 80 era el rollito Burton, todo negro de diseño, tétrico-divertido-circense, como le gusta a él, con un malo o varios que se luzcan (Nicholson, De Vito, Walken) y con un par de tías buenas de las de entonces, (Kim Basinger, Michelle Pfeiffer, nada de tonterías), a las que quitar mentalmente el vestido. O no, según. Algo para entretener a los críos mientras se mira cómo van las acciones en la bolsa.

(Por cierto, y en plan completamente machista: ¿Maggie Gyllenhaal chica Batman? Amos, anda. Cómo degenera la cosa.)

Llegamos a ahora. Y ahora es después del 11-S. Y la cosa es muy distinta. Ahora las torres gemelas se caen de verdad. No son fuegos artificiales en Gotham City. Ahora hay terroristas globales. Ahora un superhéroe arreglalotodo vendría de maravilla, pero la gente no se chupa el dedo, y sabe que lo más cercano que tiene para protegerse es el poli de los donuts, el bombero machista pero con unos músculos que te pueden sacar por la ventana y el gafotas del que te reías en el colegio pero que ahora rastrea radares y cuentas de internet buscando a Osama. Es decir, que el género de superhéroes ha evolucionado con las necesidades y los miedos de la sociedad que se han ido reflejando en cada una de esas películas.

Y el gran acierto de esta película está en que va tocando tecla a tecla todos los miedos de la sociedad norteamericana, y occidental por extensión. ¿Qué es el Joker en esta película? Un terrorista. Alguien que se divierte con la violencia. Antes los criminales buscaban gobernar el mundo, o ganar millones para vivir como reyes. Éste no. Éste llega a quemar una pila de dinero porque dice que no le hace falta, y esa es seguramente la escena más terrorífica del film: la que demuestra que a este no lo compras con millones de dólares y ya te deja tranquilo, sino que lo que quiere es incordiarte, torturarte, matarte a ti y a tus seres queridos. Porque le mola. Porque se aburre. Porque es un enfermo. En la película el Joker lo hace para divertirse y porque es un psicópata a quien han dibujado así, tras colocarle en su pasado un padre que lo maltrataba. No hace falta compararlo con terroristas islámicos a quienes tampoco les importa el dinero: los norteamericanos producen sus propios asesinos de masas blancos y protestantes. El miedo que producen la psicopatía y la sociopatía es bien reconocible: son enfermos, no se los puede convencer, jamás cambiarán. Hay que matarlos o encerrarlos y tirar la llave antes de que entren por la puerta de un colegio con un rifle. Así es este Joker.

Además, mientras quema el dinero, el Joker dice que lo que necesita, los explosivos, son muy baratos y accesibles. Crítica demoledora contra la facilidad con que cualquiera puede hacerse con armas en Estados Unidos. Es la propia sociedad la que está facilitando los medios de su propia destrucción a base de no querer renunciar al derecho a decidir sobre la vida y la muerte de los demás, como si todavía viviéramos en el Far West. ¿Qué pasa cuando un loco se arroga este derecho inalienable a llevar armas? ¿Está tan loco o sólo lleva a cabo lo que se predica en la Constitución?

Terroristas, psicópatas y armas accesibles, pues. Pero aún hay más. También hay afán de notoriedad. El Joker graba lo que hace y apunta la cámara sobre sí mismo para aumentar su placer y el miedo que provoca. Éste no se esconde en el anonimato. Tendrá un alias y un disfraz, pero quiere que se sepa que es él. Que si va a por ti, te vas a cagar, porque él se atreve y tú no. Todo esto entronca con esos asesinos que son estudiantes o empleados de banca y que un día graban un vídeo, lo mandan por correo o lo suben a internet y luego salen a pegar tiros diciendo que lo hicieron para ser recordados, famosos. De nuevo es la sociedad quien, con su culto a los famosos, provoca su propia caída. ¿Quieres morbo? Pues toma. Tanta demanda que hay de morbo, y ¿qué pasa cuando el prota de la historia, del secuestro, de la matanza, eres tú?

¿Y cómo ponemos fin a todo esto? Pues sospechando de todo el mundo. Controlando a todo el mundo. Poniendo escuchas a todo el mundo. ¿Cómo logran encontrar al Joker al final? A base de conseguir un sistema que pincha todos los móviles de los ciudadanos a la vez. Cómo mola cuando se usa contra un criminal sanguinario, público y conocido. Pero, ¿para qué más se va a usar ese sistema? ¿Para ver si estás de baja legalmente? ¿Para ver si el alcalde tiene una amante? ¿Privacidad o seguridad? Otro miedo de la gente.

Y después de todo esto, imaginemos que pillamos a Osama, a Sadam, al Joker, al mando intermedio de Al-qaeda que mandamos a Guantánamo. ¿Qué hacemos con él? Darle de hostias hasta que hable. Hasta Batman, el gran héroe, cae en eso. ¿Por qué? Pues porque la gente ya no se cree que los criminales se asusten y se echen a llorar con sólo agarrarlos de la pechera. La información no sale gratis. Tiene un coste, que a veces es pasearse por la fina raya de la ley, e incluso pasar al otro lado. ¿Cuándo y en qué condiciones? Ahí está la madre del cordero. Con un cabrón reconocido y que no se arrepiente como el Joker no pasa nada (y ahí se nota que estamos en una peli de superhéroes), pero en la vida real ¿qué pasa si revientas a golpes a uno que sólo pasaba por allí y cuya única culpa era llamarse Hussein (como el que sería futuro presi del país, por cierto)?

Todos estos miedos son los que recoge el guión y lo plasman en un malo de pesadilla, el Joker. Te mata, te destroza la ciudad, te acobarda de puro miedo de ser el próximo, te obliga a saltarte leyes para pillarlo, y te hace sentirte culpable si lo maltratas. Es puro hoy. Es el periódico pintado de blanco con sonrisa roja. El mérito, pues, está más en esa creación de los guionistas que en la interpretación de Heath Ledger, que a mí ni fu ni fa: muy malo hay que ser para no lucirse haciendo del Joker. Si no hay nada mejor, pueden darle el Oscar por defecto, pero si no, no pasará nada tampoco.

Sin embargo, no acaba en el Joker el mérito de la película. En otras pelis de superhéroes, la policía está ahí para ser incompetente, fallar tiros, caer muerta sin que nadie diga nada y estampar coches unos contra otros. En este film son gente. Y se cabrean. Y piden que no se mate a más de ellos. La policía ha pasado de ser un chollito de curro donde la gente engorda durante treinta años hasta que se retira plácidamente a ser vistos como los primeros que pringan cuando hay lío. Los que detienen criminales y terroristas a riesgo de llevarse balazos o acabar en mil trozos. Los que te dicen por dónde se sale cuando el edificio se cae. Ellos y los bomberos y los soldados ya no están solo para lucir el uniforme hasta que los jubilen, sino que la cosa tiene peligro. La mayoría de las veces no tienen ni zorra idea de lo que pasa, lo mismo que tú, pero mientras tú huyes del tomate, ellos corren hacia él, porque para eso llevan chapas y uniformes. Va de oficio. Por eso también en este film hay edificios ardiendo, y destrucción urbana. En otras películas, algo estallaba y te reías. Aquí te asusta, porque has visto por la tele que ocurre de verdad. Además, aquí es donde se revela como un acierto que esta Gotham sea muy parecida a una ciudad real, en vez de una fantasía neogótica. Una ciudad demasiado imaginaria te recordaría constantemente que es una película, pero esos rascacielos, bares, oficinas y comisarias son de Nueva York, Washington, Chicago, Boston. Podría ser a la vuelta de la esquina.

Es, pues, un acierto tratarlo así, y es a la vez lo que hace que Batman, como héroe, estorbe. Tanto acercarse a la realidad y resulta que todo sigue dependiendo de un tío con una capa. Cuando alguien revienta la ciudad a bombazos, lo que quieres es personal de seguridad y sanitario valiente y cualificado. No un tío con una capa de cuero y con voz impostada. Que en la peli queda bien, y al final salva el día cinco minutos más tarde, claro, pero en la realidad no va a aparecer. Es el típico caso de que el malo, o el mal, en una película, resulta más atrayente e interesante que el bueno, o el bien. Sólo que en este caso se nota más. Y es por lo que digo que esta es una buena película, pero en la parte que no trata de superhéroes. Sería más interesante si fuera la buena gente de Gotham quien a base de redaños y cabreo acaba con el Joker de los cojones, en vez del millonario aburrido.

Donde Batman más estorba (y que es la peor parte de la película), es en la escena de los barcos. Aquello tendría que haber sido un guirigay de padre y muy señor mío, y en vez de eso parece un senado de película de romanos, todos muy democráticos, silenciosos, elocuentes y consecuentes, votando por orden y al final haciendo el bien y lo correcto. En la realidad ni de coña hubiera sido así. No hay más que ver la que se arma en cualquier aeropuerto cuando retrasan un avión. Igual no revientan los barcos, pero ahí hubiera estado. Y luego Batman va y lo estropea aún más restregándole el asunto al Joker. "¿Ves cómo la gente de Gotham es buena y tiene amor en sus corazones?", viene a decir. Joé macho. En una de Supermán, vale, pero ¿no se decía que esta era una película oscura? ¿Oscura oscura? ¿Oscura oscura que te pasas de oscura? ¿Oscura Stiviwonder de oscura? Pues vaya oscuridad, con el propio Batman, no un personaje secundario, sino el propio Batman, sacando al corderito de Norit a pasear.

En fin. Que a mí me ha gustado, pero por razones completamente distintas de las que leo por ahí. Para gustos hay colores. Siempre que sean negro.

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