Pocos títulos, pero cuidados

¿Necesita el mundo otro blog de cine? Pues seguramente no. Pero aquí está de todas formas. Bienvenidos a los que quieran quedarse. Lo principal que se debe saber es que este blog incluirá pocos títulos, pero tratados con espacio y cuidado (hasta donde llegan las luces de quien escribe), y que cada entrada consta de (1) presentación (sin spoilers) de cada título, para quien quiera pensarse si verlo o no, o recordar cuál era, (2) carátula, y (3) comentario/discusión de cierta extensión (con spoilers y sin avisar), para leer después de verlo.

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jueves, 20 de noviembre de 2008

La ley del silencio (1954)

Marlon Brando hace una de las interpretaciones más aplaudidas de su carrera, dando vida a un estibador que de joven pudo llegar a algo en el mundo del boxeo, pero que vio cómo su sueño se torcía, y ahora sólo le queda el refugio de tantos otros descendientes de irlandeses antes y después que él: trabajar descargando barcos, en un puerto de Nueva York dominado por las mafias sindicales y la violencia. Cuando la sangre empieza a correr y la policía a husmear, llega la hora para todos (currantes, capos, curas y familiares) de tomar decisiones y de mantener o romper lealtades.

Ganadora de 8 Oscars: Película (Sam Spiegel), Director (Elia Kazan), Guión (Budd Schulberg), Actor (Marlon Brando), Actriz secundaria (Eva Marie Saint, en su debut en el cine), Montaje (Gene Milford), Dirección artística en blanco y negro (Richard Day) y Fotografía en blanco y negro (Boris Kaufman). 4 nominaciones más, a Música (Elmer Bernstein), y a tres actores distintos a Mejor Secundario: Lee J Cobb, Karl Malden y Rod Steiger.

Se trata de una película con tanta historia fuera de la pantalla como dentro, o más. El director, Elia Kazan, fue uno de los que testificó ante el infame Comité de Actividades Antiamericanas, durante la llamada ‘Caza de brujas’, para denunciar a conocidos que estaban relacionados con el partido comunista estadounidense, perseguido por el gobierno. Convertido en un paria en el mundo del cine y la literatura a raíz de sus delaciones, esta película, hecha poco después, puede verse como la respuesta artística, más o menos velada, de Kazan. Y es que no por nada su tema principal es la moralidad y la conciencia. ‘That stuff can drive you nuts’, según dice el protagonista, Terry Malloy (Marlon Brando).

En el guión, Terry toma la decisión de chivarse a la policía de las actividades ilegales de su sindicato cuando éstas llegan al punto de cepillarse a quien estorba a sus intereses. Terry llega a decir que ‘llevaba años chivándose de sí mismo sin saberlo’, como si hubiera visto la luz tras tantos años de traicionarse a sí mismo. Kazan compara así un sindicato chanchullero con el comunismo, según él un ideal malvado que lo sedujo momentáneamente, pero que había que destruir en toda la nación. Kazan luego escribió en su autobiografía que mientras estaba rodando la película le estaba diciendo mentalmente a los críticos y al mundo entero ‘to go and fuck themselves’. Cuando llegó la noche de los Oscars, y ésta produjo una cosecha de ocho estatuillas, Kazan dijo vivirlo y disfrutarlo como una venganza.

La cuestión entonces es: ¿todo esto añade o resta algo a la película, en especial tantos años después? ¿El análisis ha de centrarse en los estibadores y sus tribulaciones o merece la pena ver hasta dónde nos lleva este hilo de venganza, (des)lealtad y política?

En el mundo de la crítica artística hay gente para quien nada externo a la obra debe incluirse en la valoración de ésta. En el extremo contrario, hay quien piensa que cuanto más se sepa del autor, y de cuanto más material de apoyo se disponga, mejor se podrá entender dicha obra; o incluso que sin estos materiales externos una obra no queda nunca perfectamente interpretada. La respuesta más útil al lego en estos temas es, seguramente, que no es difícil ser lo suficientemente maduro como para poder distinguir la realidad de la historia ficticia, y que la una puede ayudar a alimentar la otra, enriqueciéndose mutuamente. Las delaciones de Kazan ponen un marco histórico a su trabajo como artista que ayuda a comprender éste, a la vez que convierten a esta película en un ejemplo perfecto de cómo a veces merece la pena excavar alrededor de una obra de arte, en lugar de simplemente verla y olvidarla, para así poder encontrar debajo una historia aún más rica, que de hecho llega a ser la causante directa de dicha obra de arte. Hay muchas películas, libros, cuadros o edificios cuya historia externa importa tan poco como la biografía del panadero que hornea nuestro pan de cada mañana, pero hay casos, como éste, en los que lo que el ojo ve en la pantalla es sólo la punta de un fascinante iceberg.

Volviendo a la película, Terry Malloy es un brutote sin muchas luces, pero con manos y mandíbulas de acero, cuyo don es servir para arrear guantazos a la gente, 'y ya que tuve que luchar toda la vida, mejor si me pagaban por ello', como le explica a Edie (Eva Marie Saint). Sin embargo, entre su hermano y su agente lo fueron convenciendo para que hiciera tongo dejándose perder en ciertos combates, y sacarse unos dólares a costa de los apostadores, a pesar de que podría haber ganado peleas que podrían haberlo llevado a luchar por un título serio. Ahí está ese ‘chivarse de sí mismo’, ese traicionar la esencia propia de uno, al que Malloy se referirá después, cuando se convierta en delator.

Es importante darse cuenta de que Malloy, sí, acepta prestarse a esas trampas, pero recordemos que su limitada inteligencia lo convierte en poco menos que un muñeco en manos de gente en la que confía bienintencionadamente, figuras de la importancia social de su hermano mayor y unos sindicatos que supuestamente velan por los honrados trabajadores que son su familia, amigos y vecinos. Terry no hace más que ser bien nacido a base de ser agradecido, y hacer lo que le dicen como un buen chico. Desviado sibilinamente, como quien se ve atrapado por las malas artes del comunismo.

Un tipo de las características de Malloy obviamente va a llamar la atención de los poderosos que buscan soluciones rápidas e ilegales a sus problemas, que siempre los hay en toda época. Pero el problema es que en realidad Malloy no vale para esto. La película comienza con el chaval haciendo un trabajito para el jefazo, Johnny Friendly (Lee J Cobb), que acaba con un chivato muerto. Malloy, alma cándida, se había prestado a participar porque pensaba que sólo iban a asustarlo, a 'empujarlo' un poco. Y en realidad así fue. Sólo que desde una azotea.

Esto no le parece bien a nuestro hombre, claro, cuyo ideal moral empieza a emerger, pero aquí, por una vez, una traducción española extremadamente libre de un título acierta en parte. Se impone la ley del silencio, que es una regla de la calle que todos llevan bien dentro, y cuando la pasma se asoma por allí a investigar, nadie sabe nada. Los polis se van a por Malloy directamente, porque se lo vio hablar con el finado esa noche, pero nuestro hombre no menciona ni la capital de Navarra. Friendly y sus esbirros asienten, complacidos con su chico y su buena crianza.

Pero entonces aparece la chica. Y se lía, como siempre. La hermana del fallecido hace más que llorar y pegar voces, y busca justicia de la de verdad. Malloy intenta arreglar el desaguisado, pero más bien por su interés en la chica que por deseo de encontrar esa justicia. De hecho, ambos tienen un par de broncas al respecto, donde él enuncia sus reglas: cada uno para sí, muchachota, y madruga al contrario antes de que él te madrugue a ti. Suena auténtico, suena a calle, y aquí se ve el oscarizado trabajo del guionista, Budd Schulberg, que se tiró meses por el distrito de Hoboken y el puerto neoyorkino, cazando este tipo de cosas.

Sin embargo, la cosa sigue cambiando poco a poco. El capo Johnny se cepilla a otro rebelde, esta vez hasta el cura local (Karl Malden) protesta con sermón de ira y fuego desde la bodega del barco, y a Terry le acaban tocando lo que no debieran: los jefazos le dicen que pase de ver a la chica. Y bueno, hasta ahí podíamos llegar. Aquí vamos entrando ya en el camino previsible de un guión de cine, no tanto porque un hombre ‘como los de antes’ se revuelva sin miramientos contra quien le impide ver a su hembra (que este tipo de cosas pasa hoy, y mucho, aún), sino porque es un recurso muy visto, fácil de identificar por el público, y camino de redención marcado con señales luminosas: el caballero salvado a través del servicio a su dama.

Evidentemente, el cambio de actitud de Terry no se vende como un gesto romántico hacia ella. En verdad, ella parece estar casi de paso en la trama. Pero esa escena en la que le mesan las barbas a base de cachetes de padrino mientras le dicen que espabile es cuando cambia todo. Y a partir de ahí ya no hay quien lo pare. Las reglas ni siquiera cambian, sólo que esta vez se aplican de otro modo.

La escena más famosa de la película, y una de las escenas más famosas del cine (al menos para los críticos americanos), es en la que Terry le reprocha a su hermano Charley (Rod Steiger), haberlo llevado por ese camino. 'I coulda had class', le dice. 'I coulda been a contender'. I coulda. 'Podría haber'. Pero no fui, no ocurrió, y ahora aquí estoy, de recadero de mafiosos. Ahí vemos que Terry no es un cacho de carne que ni siente ni padece, sino que se da cuenta de lo que le hicieron y de lo que le dolió. Y sólo ahora que la cosa se pone realmente seria, cuando no vale la resignación, sino que mirar para otro lado es connivencia con asesinos, es cuando lo reprocha claramente, pero no con gritos ni con unos puñetazos que podrían arrancarle la cabeza a su hermano, sino con un gesto de dolor y pena que desarma (literalmente) las intenciones de Charley.

Finalmente, la masa, que seguía aborregada en manos de Johnny, resulta que sólo esperaba un campeón al que jalear en el ring y sobre el que hacer piña, aunque por lo que parece sólo cuando la cara ya se la han partido a otro (y cuando incluso se ha colaborado en ello). En un cara a cara, puño a puño culminante, Terry tiene la pelea de su vida contra Johnny, y aunque la pierde, la gana. Porque su ejemplo y sacrificio llegan al corazoncito de ese animal informe que es la muchedumbre y que desmonta a Johnny de su caballo.

En el caso real en que se basa el guión la cosa no funcionó. Nunca funciona, y todos lo sabemos, pero Hollywood elige seguir ignorándolo. Sin embargo, como hemos visto, en este caso tenemos una excusa para reconsiderar el típico final feliz. Esta vez no es simplemente para complacer a un público que busca anestesiar sus penas con historias de triunfo glorioso del bien, sino porque, obviamente, si estás buscando vengarte no vas a dejar que tu alter ego en la pantalla quede como un pringadillo, por muy real que pudiera ser, ¿no?

2 comentarios:

  1. Después de enredar un poco por este erudito blog, vuelvo al waterfront para recordar a su productor, Sam Spiegel, reponsable de otro buen puñado de obras maestras. 'El extraño' (Orson Welles), 'El puente sobre el río Kwai' y 'Lawrence de Arabia' (David Lean) 'La Reina de África' (J Huston) 'El merodeador' (J Losey), 'De repente el último verano' (Joseph L. Mankiewicz), 'La jauría humana' (Arthur Penn) y alguna más que ya no me acuerdo. Todas las citadas, desde luego, SÓLIDAS y ab-so-lu-ta-men-te recomendables. A veces el productor tb deja su sello... aunque no sea más que eligiendo un buen guión (y todo lo demás).

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