Pocos títulos, pero cuidados

¿Necesita el mundo otro blog de cine? Pues seguramente no. Pero aquí está de todas formas. Bienvenidos a los que quieran quedarse. Lo principal que se debe saber es que este blog incluirá pocos títulos, pero tratados con espacio y cuidado (hasta donde llegan las luces de quien escribe), y que cada entrada consta de (1) presentación (sin spoilers) de cada título, para quien quiera pensarse si verlo o no, o recordar cuál era, (2) carátula, y (3) comentario/discusión de cierta extensión (con spoilers y sin avisar), para leer después de verlo.

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domingo, 25 de enero de 2009

Cyrano de Bergerac (1990)

Escrita a muy finales del XIX y ambientada a mediados del XVII, esta vigorosa adaptación de Jean-Paul Rappeneau ha hecho más por el teatro, por el cine francés, por la obra de Rostand, por la literatura y la historia del XVII y por la carrera de Gérard Depardieu que muchos escritores, directores, historiadores, profesores y actores juntos. Junta temas como la belleza, la fealdad, el orgullo, los compromisos, las ganas de vivir, el amor, el deseo, el engaño y varios más en medio de duelos, mosqueteros, obras de teatro, asedios de los tercios de Flandes y cartas de amor. Y todo ello, en verso y en francés. Dicho lo cual, y sin que sirva de precedente, se recomienda la prodigiosa versión doblada al español, un auténtico ‘tour de force’ con todas las rimas en su sitio y una impagable voz para Cyrano.

Ganadora de un Oscar, al mejor Vestuario (Franca Squarciapino). Otras cuatro nominaciones: Pelicula en lengua no inglesa (René Cleitman, Michel Seydoux y Jean-Paul Rappeneau), Actor (Gérard Depardieu), Direccion artistica (Ezio Frigerio y Jacques Rouxel) y Maquillaje (Michèle Burke y Jean-Pierre Eychenne).


Esta es una obra llena de grandes escenas, y vamos a mencionar varias de ellas, pero de momento vamos a empezar por el final, así que aviso de spoilers mayor que de costumbre.

Todo el mundo que la ha visto recuerda cómo acaba: el antiguo mosquetero y aventurero Cyrano de Bergerac, habiendo sufrido un ataque en la calle orquestado por alguno de los muchos enemigos que ha hecho a lo largo de su vida, llega moribundo a su cita de todos los sábados desde hace catorce años en el convento al que se ha retirado su prima Roxana. Tras revelarle su gran secreto, su amor por ella, le dice, en sus últimas palabras, que se llevará con él algo que nunca podrán quitarle. ‘¿El qué?’, preguntan a una Roxana y el espectador. Mi amor por vos, seguramente. Pues no. ‘Mi orgullo’. Muerte del protagonista y fin de la obra.

Ciertamente, si Cyrano escoge terminar su vida con esa palabra, merece explorarse, porque es la que define su vida, y la obra de forma retrospectiva. Y la tarea es difícil, tanto como lo es definir el orgullo. Para empezar, ¿es algo negativo o positivo, una virtud o un defecto? Se puede criticar a alguien diciendo que ‘es un tío muy orgulloso’, pero luego el propio rey de España empieza sus mensajes de Navidad lleno ‘de orgullo y satisfacción’. ¿Debe ser algo en lo que basar los actos y personalidad de uno, y más si se hace de forma deliberada? ¿Debe ser admirada una persona orgullosa? ¿Debe ser emulada? ¿Es Cyrano un modelo que imitar o una cabeza ajena en la que escarmentar?

Dado el hecho de que Cyrano es el héroe de la película, tomémoslo por lo positivo, al menos para empezar. Teniendo en cuenta además que estamos en el siglo XVII, esa palabra de ‘orgullo’, evoca en un oyente español un sentimiento de hombría, de hacer cosas según unas reglas, de continuar una tradición. En una acepción más alatristesca, iría acompañada de ausencia total de jactancia, un cumplir y callar para satisfacción personal y continuación de la cultura propia. Pero se trata de un cumplir con las reglas propias, no las ajenas. El mejor ejemplo de la obra es seguramente cuando Cyrano, en su aversión a verse atado a compromisos ajenos, rechaza la invitación del conde de Guiche para escribir teatro para el entorno de Richelieu, donde sólo le cambiarán ‘un verso de cada cuatro’. Cyrano desdeña ese dinero fácil para así conservar la integridad de su ingenio, esto es, por orgullo. Otro ejemplo es cuando Le Bret le dice que ande con ojo porque tiene demasiados enemigos, y Cyrano le responde que lo deje en paz, y que no tiene ‘protector, pero sí protectora’ (su espada). Y el culmen es seguramente la escena donde enuncia su renuncia a vivir una vida a base de inclinarse ante los poderosos, con ese famoso triple ‘no gracias, no gracias, no gracias’.

Esta es la base de la admiración a Cyrano por su orgullo, y el público español, si tuviera que explicarla, lo haría con estos ejemplos. Sin embargo, he insistido hasta ahora en lo de ‘público español’ porque hay un detalle muy importante en esa última escena. La palabra traducida en castellano como ‘orgullo’ que aparece en el original francés no es ‘orgueil’. Ni ‘fierté’, ni ‘troupe’, ni ‘amour-propre’. Es otra muy diferente: ‘panache’.

‘Panache’ (pronunciado ‘panásh’) es una palabra relacionada con la española ‘penacho’, y descendidas ambas de la latina ‘pinnaculum’. Originalmente un panache era una pluma colocada en un sombrero o casco, como adorno y también para distinguir a una determinada persona, especialmente un jinete en medio de una batalla. Su uso más famoso se atribuye a Enrique IV de Francia (1553-1610), gran guerrero, que exhortaba a sus hombres a seguir su penacho en la lucha, pero que también lo hacía más visible para los enemigos. Es decir, es un gesto tanto de valentía como de alarde, de ostentación, nada discreto. Soy valiente y quiero que se vea.

Veintinueve años después de su muerte, el propio Cyrano recuerda tal ejemplo cuando en el asedio de Arras echa en cara a De Guiche el haber abandonado su fajín blanco de maestre de campo para poder huir sin ser reconocido, diciéndole que Enrique IV nunca hubiera hecho tal cosa. Cuando De Guiche responde que ahora lo tienen los españoles y que es irrecuperable, Cyrano se lo saca de debajo de sus propias ropas, donde lo tenía escondido, y se lo da. Nótese que lo hace delante de la tropa entera, y habiéndole tendido la trampa de mencionar el fajín públicamente para que De Guiche se metiera en la ratonera de intentar justificar su decisión. Podía habérselo dado en privado y con parco ademán, pero en vez de eso, Cyrano monta todo este número en público. Eso es ‘panache’, y es lo que ha pasado a significar la palabra en francés hoy en día. En español no hay equivalente directo, y podría ser, además de ‘orgullo’, ‘clase’, 'brío', ‘donaire’ o simplemente ‘aquél’.

Así pues, esta única palabra hace por sí sola reevaluar la figura entera de Cyrano. Vayamos ahora al principio de la obra. ¿Qué es lo primero que vemos hacer a Cyrano? Reventar la obra de teatro de Baro, en interpretación de Montfleury, debido a que considera ambas de mala calidad. Y lo hace de la manera más llamativa posible, interrumpiendo la representación y convirtiéndose él mismo en el espectáculo. Cuando ve que el público reacciona en su contra, reta a toda la platea (‘¿Ni un hombre? ¿Ni un dedo?’), y para coronar el capricho, arroja su bolsa al escenario para pagar las pérdidas de la cancelación (más tarde, cuando Le Bret se asombra de tal acto, Cyrano responde: ‘Sí, pero qué gesto’), con lo cual, cualquier animadversión del público se torna en aplauso. Ahí queda eso. Eso es ‘panache’.

Sin embargo, la cosa no queda ahí. A renglón seguido, Cyrano se empeña en enzarzarse con alguien con la excusa de su nariz, y cuando nadie es capaz de dedicarle un insulto como Dios manda, se inventa él una retahíla, en una de las escenas más famosas y celebradas. Y aún más, cuando el pisaverde Valvert ya se había batido en retirada hacia su carruaje, Cyrano termina de forzar su reacción insultándolo por su falta de ingenio, llamándolo cretino. Sabe perfectamente que Valvert habrá de responder con la espada, y así el penacho puede continuar luciendo. Como remate de la actuación, Cyrano se pone improvisar versos mientras se bate. ‘Y al finalizar, os hiero’. ¿Es este comportamiento, pues, algo grande, o una fantasmada de un creído? Paga con su dinero, ridiculiza la mediocridad artística y pone en evidencia los humos de un aristócrata. ¿Pero lo hace por el arte, por la sociedad, por la inteligencia, por luchar contra la soberbia, o por sí mismo?

Pero la noche no ha terminado aún. Enterado de que el cómico Lignière corre peligro por sus letrillas contra De Guiche, se enfrenta ‘a cien hombres’ enviados a matarlo, consiguiendo otra gran victoria con la que convertirse en la comidilla de París. Y así durante el resto de la obra los ejemplos de su afán de protagonismo continúan por doquier: cuando el capitán Castel-Jaloux no recita bien los versos sobre los cadetes de Gascuña, se lanza a decirlos él. Más tarde se rodea de un grupo de esos cadetes para contarles con detalle la antedicha batalla contra los ‘cien hombres’. Cuando De Guiche quiere citarse a solas con Roxana, Cyrano ayuda a que ésta se case con Christian a base de retardar la llegada del conde a la casa con la peregrina excusa de que se acaba de caer de la luna. En medio del sitio de Arras, cruza las líneas españolas dos veces al día para enviar cartas a Roxana en nombre de Christian. El episodio del fajín de De Guiche ya lo hemos mencionado. Y quizá el mayor ejemplo de todos es ese final por el que hemos empezado: tras catorce años de silencio y secreto, sabiéndose moribundo, no es capaz de contenerse, y hace saber a Roxana todo el tema de quién escribía en realidad las cartas de amor de Christian. Recordemos la escena: primero es él quien le pide que le deje ver la carta, luego se empeña en leerla en voz alta, y luego lo hace sin mirarla, de memoria y en medio de la oscuridad que va cayendo. Todo a propósito para que Roxana se dé cuenta, y así convertir su propia muerte en un acto más de panache. Y por si cabía alguna duda, acaba pronunciando esa palabra en brazos de su amada, desperdiciando la última oportunidad de expresarle su amor por fin en persona y seguro de aceptación. No le importa que ahora Roxana haya de pasar por segunda vez por el trance de perder a un amado, cosa que hubiera podido evitar cerrando el pico: Cyrano viene decepcionado y encolerizado porque su muerte no se va a producir en medio de un duelo épico con estocadas cayendo como granizo, sino aplastado por una viga de madera en una emboscada callejera. Como un don nadie. Pues de eso nada. Yo quiero mi final apoteósico y lo voy a conseguir, sufra quien sufra.

La verdad es que contado así, queda una imagen más bien egoísta y pobre de nuestro héroe, pero es que todo eso está en el texto y no deja de ser evidente. Sin embargo, lo que queda en el recuerdo es ese otro lado del panache que puede encumbrar a un hombre. Cuando De Guiche le menciona el Quijote a Cyrano, el conde le dice que se ande con cuidado o las aspas de un molino un día le lanzarán contra la tierra. ‘O hacia las estrellas’, responde él. Y hacia las estrellas llega él, y nos lleva a nosotros, en esa parte central donde, ignorado por Roxana, decide ayudar a Christian a superar lo que le falta: el ingenio (por cierto, que Roxana puede resultar muy moderna o muy antigua en su insistencia, casi fetiche, de que le regalen el oído, pasando bastante de la belleza física de quien lo consiga: eso está abierto a debate). En esta parte, Cyrano logra redimirse de su síndrome de necesidad de atención (hasta que lo fastidia al final), en particular en la escena en que primero ‘sopla’ a Christian sus frases y luego ya directamente las dice él, para que sea el joven el que consiga su beso y triunfo final. Ahí sí que cualquiera se pondría de su parte y lo admiraría sin reservas. Sin embargo, minutos después, no deja de disfrutar al interrumpir a los tortolitos con la excusa de una carta urgente de De Guiche. Ha podido lucirse otra vez y además ha impedido que Christian llegue a gozar del todo de Roxana. ¿Qué más se puede pedir?

Bien, en todo esto nos hemos referido a la obra y el personaje, no tanto a la película. ¿Qué se puede añadir de ella a todo esto? Pues la siguiente observación: muchos de los mejores personajes de teatro ofrecen la capacidad de presentar distintas facetas al espectador según quién adapte e interprete la obra, incluso sin llegar a cambiar una línea de texto. Por ejemplo, la duda de un Hamlet puede representarse miedosa, débil y apocada. O llena de rabia y violencia contenida. O irónica y aburrida de todo. O conspiradora y malévola. Según se diga ese ‘ser o no ser’ y según se comporte el actor y quien lo dirija, puede resultar una visión nueva de la misma historia sin tocar una sola coma, resultando así una obra eternamente reinterpretable. El propio don Quijote, a quien Cyrano admira, puede ser un loco digno de risa o el más lúcido de los tuertos rodeados de ciegos. Y Cyrano puede interpretarse como un snob cultureta, por ejemplo, o como un payaso con ganas de molestar, o como un atildado caballero que esconde sus orígenes, o como un romántico incurable, y de muchas formas más. Los mejores actores serán capaces de dar a personajes como éstos, un Arturo, un Drácula, un Don Juan, un Julio César, un Napoleón, una personalidad propio y un sello único. Y Gérard Depardieu lo consigue. Su Cyrano es inolvidable.

Su Cyrano es anchote, cargado de hombros, más duro fajador que fino estilista, una fuerza de la naturaleza que se luce más diciendo aquello de que ‘son sólo hombres y hoy necesito gigantes’ que escribiendo a pluma de ave con esas manazas de carpintero. Cuando reta a la platea, el tío acojona de verdad, y cuando dice aquello otro de ‘¿Qué, como, enana mi nariz?’, parece un Joe Pesci diciendo lo de que ‘¿cómo que soy gracioso? ¿Gracioso cómo?’ Sólo que el doble de grande, claro. Además, a su propia imagen física, podemos añadir datos de su propia biografía. Esta película fue seguramente la primera de Depardieu que se conoció más allá de Francia, y cuando llegaron las nominaciones a los Oscars, empezó a saberse más de su vida: pasaba de ir a clase, dejó el colegio a los 13, y a los 16 se fue a la gran urbe a buscar fortuna. Y dicen las malas lenguas que cuando se empezó a decir en la prensa americana que había cohabitado con prostitutas durante una juventud calavera, los responsables de los Oscars, por aquello de la corrección política, empezaron a lamentar su nominación como actor. Puede que sea leyenda urbana, pero todo esto ayudó a elevar ‘a las estrellas’ esta película y a hacer más rica la faceta del personaje que pone al arte y la individualidad por encima de los poderes bienpensantes, trasladándola al mundo real. No cuesta mucho imaginarse a esos académicos franceses sentados con sus pelucas blancas en primera fila para ver la obra de Montfleury transformados en los trajeados hollywoodienses de hoy en día.

Para terminar de explicar el detalle sobre cómo cambiar el enfoque de una obra sin tocar siquiera su texto, recomiendo fijarse en un par de escenas concretas. La primera es la del duelo con Valvert justo fuera del teatro. Cyrano ha ridiculizado repetidamente al vizconde: le ha llamado cretino, y le ha ganado el duelo, cumpliendo su sobrada de herirle en el último verso. Pero no lo hiere físicamente. Lo que hace es tocarle la nariz, ya que en el francés original, el último verso era precisamente, ‘je touche’, haciendo juego de palabras con el ‘tocar’ en esgrima y el tocar algo con la mano. Para Cyrano, el juego termina ahí. No quiere matar al vizconde por una simple tontería como sería no ya haberle insultado, sino no haberle insultado bien. Simplemente lo humilla, y da por concluido el asunto. Pero hete aquí, que sin mediar palabra, Valvert se revuelve contra Cyrano y continúa la pelea, por la espalda, a traición, totalmente llevado por la ira, y dejando bien claro que aquello para él no es un juego y que ha de acabar en sangre. El ambiente medio festivo se acaba, no hay risa ni música, Cyrano también calla y tras un intercambio de estocadas, es ahora cuando Cyrano atraviesa al vizconde. ¿Resultado? En vez de quedar como un psicópata sediento de sangre, hooligan y pendenciero, que provoca violencia hasta donde no la hay, el personaje queda establecido como alguien con mucho carácter y amigo de montar jaleo, pero que al menos sabe dónde está la raya. Al hacer que Valvert sea quien se empeñe en ir a muerte, la culpa pasa a ser suya, no de Cyrano. Recordemos que estamos al principio de la película y que estamos dando a conocer a nuestro personaje todavía. Presentarlo como un asesino o no es muy importante, y eso lo puede decidir un director sin cambiar nada en absoluto del texto.

La otra escena de ejemplo es la del triple ‘no gracias’, donde Cyrano enuncia más o menos su forma de ver la vida. Tras el airado ‘no gracias’, se sienta y tranquiliza el gesto y la voz. El resto del monólogo, en vez de decirse a voz en grito, como quien está poseído y casi loco por el deseo de individualismo y de ponerse el mundo por sombrero ‘por un sí o por un no’, está dicho con calma, deliberadamente, sabiendo lo que se dice, y precisamente por eso, casi con pena. En vez de declarar la guerra al mundo con una proclama, Dépardieu casi ofrece una imagen de hombre desanimado por no poder cumplir los altos ideales que tiene, como si los sintiera como una pesada carga, de las que les caen sólo a los lúcidos. El verso con que termina la escena, ‘cállate’, según las indicaciones originales de Edmond Rostand, ha de decirse ‘vivement’, pero en vez de eso, en la película acaba casi con desolación y desánimo.

En suma, una obra y una adaptación a la que volver continuamente. Háganlo pues vuestras mercedes.

13 comentarios:

  1. Y ahora mismo me pongo a ello. ;)

    Es probablemente mi película favorita (junto con otras cuantas, pero favorita al fin y al cabo).

    Debo subrayar el doblaje en español. No tengo la suerte de hablar francés, por lo que la versión original (subtitulada, claro) se me hizo bastante pesadita, pero aunque lo entendiese a la perfección, dudo mucho que superase al trabajo de doblaje tan impecable que (por una vez) podemos disfrutar.

    Y del resto ¿qué decir que no hayas dicho ya? Los actores en estado de gracia (Depardieu será ya para siempre el mejor Cyrano posible), la ambientación deliciosa, hasta la música... Una joya, vamos. Véanla vuestras mercedes si no lo han hecho, y revísenla los que si.

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  2. Querría dar una puntualización.

    A mi parecer, Cyrano, al ayudar a Christian con sus propios versos, intenta demostrarse a sí mismo, a su orgullo, que es de él, de quien está enamorada Roxanne. Y me viene a la memoria una escena en la que Cyrano le pregunta a Roxanne que cómo son sus cartas o sus versos, y ella le responde: "Sus palabras son soles que alivian mi aliento, es el dueño absoluto de mi pensamiento", y cuando escucha eso, Cyrano suelta una carcajada.

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  3. Más sobre Cyrano. Me parece correcta esa observación, y tiene bastante jugo que exprimir:

    Primero: Cyrano estaba enamorado de Roxana mucho antes de que Christian y ella se fijaran mutuamente uno en otra.

    Segundo: De no haber sido por su ayuda a Christian, Cyrano no hubiera podido nunca transmitirle sus pensamientos a Roxana. Cuando Cyrano le cuenta a Castel-Jaloux que la ama, también le dice que sería imposible ser correspondido: 'Esta nariz que llega un cuarto de hora antes de que se me vea lo prohíbe'. Es, pues, Christian quien paradójicamente le proporciona la oportunidad de expresarse.

    Tercero: Lo de Roxana puede que sea un fetiche con que le digan cosas, o un reconocimiento y atracción hacia la mente inteligente y sensible que le compone tales frases, pero al menos es constante y consistente: cuando cree que las cartas son de Christian, se derrite ante ellas. Cuando Christian fracasa al hablarle en persona, le cierra la puerta en los morros sin piedad ninguna, y sin siquiera pensar: 'Bueno, se le ha gripado la neurona, pero está bueno y me lo cepillo de todas formas'. En la batalla en Flandes, cuando Roxana aparece con el carro de víveres, le dice a Christian que tras todas las cartas que ha recibido desde el frente (escritas por Cyrano a espaldas de Christian), lo amaría aunque fuera feo. Y al final del todo, cuando Cyrano, moribundo, revela la autoría de las cartas, no da mucho tiempo a nada más, pero Roxana deja caer que cumpliría su palabra de enamorarse de esa mente sin reparar en el físico.

    Cuarto: La única vez que Christian y Roxana se acuestan llega sólo tras la obra cumbre de Cyrano: no sólo imaginar palabras para Christian sino incluso decirlas él mismo 'con una voz que ha ganado en madurez' bajo la ventana de Roxana. Tras tal demostración, Christian sólo ha callarse y recoger los frutos.

    Quinto: Como ya se ha comentado, el orgullo de Cyrano tras haber conseguido doblegar a Roxana (aunque sea para Christian) aumenta cuando encuentra la manera de interrumpir el final de la cita. El orgullo es el tema de la obra, mucho más que el amor, o incluso hace de éste una simple parte de aquél.

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  4. Hola, es la primera vez que entro en este blog y lo he encontrado buscando información sobre esta película. Anoche la vi por casualidad y no conocía nada de esta obra. A pesar de ello creo que se ha convertido en una de mis películas preferidas, de esas que jamás te cansas de ver una y otra vez.

    Me gustaría hacer una observación, y es que al final, cuando llega a la cita con Roxana y le pide la carta, es ella la que insiste en que la lea en voz alta. Y me parerce muy destacable el hecho de que se niegue hasta el final a decir una sola palabra que traicione su prolongado silencio.

    Quisiera añadir que me ha encantado tu definición descriptiva de lo que significa panache. Creo que todo el que no entienda casi nada de francés, como es mi caso, la agradece.

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  5. Jardius, si vuelves a ver la escena final, verás que Roxana no le pide a Cyrano que lea la carta en voz alta, sino que se sorprende cuando Cyrano la lee así. No le dice 'en voz alta', sino '¿en voz alta?' El texto original de la obra de teatro en francés lo confirma:

    ROXANE
    Chacun de nous a sa blessure : j’ai la mienne.
    Toujours vive, elle est là, cette blessure ancienne,
    Elle est là, sous la lettre au papier jaunissant
    Où l’on peut voir encor des larmes et du sang!
    Le crépuscule commence à venir.

    CYRANO
    Sa lettre! N’aviez-vous pas dit qu’un jour, peut-être,
    Vous me la feriez lire?

    ROXANE
    Ah! vous voulez... Sa lettre?

    CYRANO
    Oui... Je veux... Aujourd’hui...

    ROXANE
    Tenez!

    CYRANO Je peux ouvrir?

    ROXANE
    Ouvrez... lisez!

    CYRANO, lisant
    "Roxane, adieu, je vais mourir..."

    ROXANE, s’arrêtant, étonnée
    Tout haut?

    CYRANO, lisant
    "C’est pour ce soir, je crois, ma bien-aimée!"

    'S’arrêtant, étonnée', o sea, 'deteniéndose, sorprendida'. 'Tout haut?' '¿En alto?' Aparte, puede verse por los versos anteriores que Roxana simplemente menciona su carta como una vieja herida que tiene, y es entonces Cyrano cuando le recuerda a ella una antigua promesa de dejársela leer algún día. Y Cyrano, que se está muriendo (con perdón de la expresión) de ganas de montar su escena final, se pone primero, a leerla en voz alta, segundo, a leerla con la misma voz de aquella noche bajo la ventana, y tercero, a recitarla de memoria sin mirar para el papel siquiera, y sin poder verlo incluso, de lo oscuro que ya se había hecho.

    Luego Cyrano niega varias veces, diciendo que no, que no era él, que no la ama, pero Roxana no lo cree, y Cyrano lo sabe. Cyrano ha encontrado la manera de revelar la verdad sin contarla, y encima quiere quedar de hombre de palabra, negando esa verdad sólo de labios para afuera, pero teniendo a Roxana pendiente de él, hasta el punto de que ésta le acaba diciendo: 'Je vous aime, vivez!'. Os amo, vivid.

    Y todo para que al final a Cyrano le importe más su panache que su amada. Es más, su amada pasa a ser simplemente otra forma más, como las cartas, los duelos y el valor en batalla, de demostrar ese panache.

    Gracias por escribir, y espero que disfrutes pronto de esta gran película de nuevo. ;)

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  6. Me acordé de tu comentario sobre Cyrano cuando, haciendo zapping el otro día, alcancé a ver justo el final de la película. Cierto que acaba con él su orgullo, que la palabra orgullo es la última que menciona, lo que dice llevarse consigo, dado que nadie ha sido capaz de llevárselo. En cuanto a lo de haber callado toda la vida y al final "confesar" a su amada la verdad. Seamos "benévolos" a ese respecto. Es ella la que lo intuye, él intenta negarlo en un principio, pero, sabiéndose herido de muerte, el alma es débil y confiesa sin confesar, deseando recibir en esos últimos instantes un reconocmiento a sus años de sentimientos ocultos. "Libar" un poco de la miel que se llevaron gracias a él otros. Amonestémoslo por su "orgullo", lo que más parece apreciar, y redimámoslo por ser tan sólo un mortal hambriento de cariño.

    Katha

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  7. Supongo que está abierto a interpretación, pero me parece bastante claro que Cyrano provoca a sabiendas que Roxana se dé cuenta con el numerito de 'leer' la carta a oscuras y con "esa voz". Si Roxana se da cuenta, es porque Cyrano le está diciendo "blanco y en botella, jamía". Le falta poco menos que llevar un cartel, de tanto decirlo sin decirlo.

    Otra cosa es cómo se interprete este gesto por parte del espectador. Corresponde a él (o ella) perdonarlo, mofarse, disgustarse, compadecerlo, admirarlo o cualquier otra reacción. Se puede amonestarlo y redimirlo, como dices, pero sin por ello dejar de reconocer que, Cyranete, ahí se te vio el cartón un poco ¿eh?

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  8. Hola,

    He leído los comentarios anteriores.
    De acuerdo, "monta el numerito", pero, en mi modesta opinión, el personaje se gana la licencia de esa última demostración de orgullo, panache o como quiera denominarse.
    O, al menos, reconocer que lo hace de forma elegante.
    En resumen, no podemos sino admitir que Cyrano era un orgulloso de tomo y lomo, pero sino no sería Cyrano.

    Saludos,

    Katha

    PD: Por cierto, ¿dónde has conseguido la versión francés? Yo ya he olvidado el poquísimo francés que aprendí y el inglés no digamos.

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  9. La obra original en frances se puede conseguir simplemente buscando por Google, por ejemplo en la pagina francesa de Wikipedia sobre Cyrano.

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  10. christian para mi pensar somos todos los que dedicamos algo ispirado por otros no somos autenticos ni expresamos nuestro sentimiento por eso prefiero ser cyrano

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  11. Magnífica película, no la había visto nunca, y tuve la tremenda suerte de conseguir el dvd a 2 euros! en Alcampo sin estrenar. La compré para practicar francés, que estoy aprendiendo, y me ha sorprendido gratamente una película tan tan buena.

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  12. Por si alguien quiere probar y tiene la misma suerte que yo, váyanse a los Alcampos y miren (yo la compré a 2 euros el 3 de mayo 2012)

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  13. Un tío que da repelús escribió: "Cyrano muriendo aferrado a lo único que le quedó, tras haber vivido respetado pero sin amor... Languideciendo mientras contemplaba secarse la fuente a que su esfuerzo le dio derecho. Cyrano muere triste, pues sólo puede apelar a su orgullo. El hombre alcanza su significado y su identidad a través de los otros. Cyrano es culpable de no haber sabido mirarse más allá de su nariz. Lo hizo todo y no tuvo nada. Cyrano es la hstoria del fracaso de un hombre excepcional a quien ni toda su grandeza pudo ayudar". Hay que ser miserable y gilipánfilo para hacer una interpretación así, el autor y sus corifeos.

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